Grethel López

Apenas pasados los 20 años, me desempeñaba como azafata del primer barco catamarán que unía Montevideo y Buenos Aires. Siempre miraba hacia el cielo de nuestro Río de la Plata y pensaba “¡Yo quiero estar ahí!”.

Con gran entusiasmo y sacrificio, comencé a forjar mi anhelo de convertirme en Tripulante de Cabina.

Recuerdo los sábados cuando bajaba del barco en el puerto de Montevideo e iba caminado hasta mi querida Escuela del Aire, donde nos recibía siempre con una gran sonrisa Sandra Banchero, la querida Laura o los pilotos que compartían sus conocimientos sobre aeronaves y motores.

A todos ellos y algunos profes más, les debo los mejores recuerdos y años compartidos en la aviación. Para mí y para muchos, ésta no es una profesión sino un estilo de vida.

El volar es algo mágico e inexplicable, poder experimentarlo y vivir en las nubes es una experiencia única. Mi pasaje por la aviación me dejó un montón de paisajes únicos, historias inolvidables de personas de todo el mundo, convivencias con compañeros excepcionales que hacían que la distancia con la familia se acortara y fuéramos en ocasiones una gran familia”.