Marcelo Santos

Cursaba bachillerato y, sin tener una idea clara de qué carrera seguir, fui al aeropuerto a despedir a un amigo que se iba a estudiar a Canadá. Cuando me encontraba esperando su embarque, entró al aeropuerto una tripulación que me llamó la atención y fue ahí cuando supe qué haría.
Comencé a buscar dónde se estudiaba «eso» y ni siquiera sabía como buscarlo. Hasta que vi un aviso en un diario: «Curso de Aspirantes a Tripulantes de Cabina de Pasajeros. Escuela del Aire». Y a los pocos meses me encontraba cada sábado haciendo el curso que yo quería.
Terminado éste, allá por el ’97, me presenté a un llamado de Pluna y comenzó a hacerse realidad mi sueño. Volé diferentes aeronaves, diferentes rutas (inclusive 8 años intercontinental) hasta el cierre de la compañía, desempeñándome los últimos 5 como Jefe de Cabina. Luego volé 10 meses en Alas Uruguay y de las dos compañías me llevo lo mejor, mis días más divertidos y grandes amigos. Hoy trabajo en el sector de tráfico de una compañía aérea en el Aeropuerto de Carrasco.
Con convicción puedo decir que la profesión de Auxiliar de Vuelo, por lejos, es la que me hizo más feliz. A Escuela del Aire, ¡gracias!